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Gustavo Reija: “Si los dólares del RIGI no se destianan a la industria no tienen sentido”

El economista Gustavo Reija en Otros Ambitos (Del Plata Rosario 93.5) advirtió que la llegada de divisas a través del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones no tendrá impacto real en el país si no se implementa una política deliberada de integración con la industria nacional. “La estabilización es necesaria, pero no sustituye al desarrollo”, señaló.

El debate sobre el rumbo económico de la Argentina y el impacto real del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) sumó un análisis crítico de fuerte repercusión en el ámbito productivo. El economista Gustavo Reija lanzó una severa advertencia sobre las limitaciones del actual programa oficial: “Si los dólares del RIGI no se destinan a la industria, no tienen sentido”.

A través de un pormenorizado informe sobre la coyuntura macroeconómica, Reija analizó la paradoja estructural que vive el país, donde conviven una marcada desaceleración de la inflación y sectores exportadores récords con un mercado laboral resentido y una nula capacidad de arrastre sobre el consumo interno y la economía de a pie.

La ilusión de las divisas y el modelo “enclave”

Para el especialista, el ingreso de divisas genuinas por la vía de la minería y la energía no garantiza por sí solo la prosperidad económica si el esquema institucional funciona de manera aislada al entramado pyme y fabril. El economista utilizó una contundente analogía internacional para graficar el escenario actual: “Es la diferencia entre Noruega y Nigeria. Ambos países tienen petróleo, pero solo uno construyó industria y desarrollo con él”.

Reija argumentó que, tal como está diseñado el escenario, los mega-proyectos energéticos y mineros corren el riesgo de operar bajo una lógica de “enclaves”. Es decir, sectores que generan importantes saldos exportables y divisas, pero que extraen el recurso natural sin transformarlo, dejando escaso valor agregado, pocas regalías y nulos encadenamientos productivos en el territorio nacional.

“El primer eje debe ser la integración vertical en cadenas exportadoras. Sin mecanismos deliberados de encadenamiento con proveedores locales, la riqueza se exporta en bruto y la economía local queda marginada de los beneficios”, sentenció Reija.

Los límites de la estabilización

El economista apuntó contra la idea de que la disciplina fiscal y el control de los agregados monetarios bastan para reactivar la Argentina. Si bien reconoció que ordenar las variables macroeconómicas era un paso “imprescindible”, enfatizó que la teoría del desarrollo demuestra de forma unánime que “la estabilización es una condición necesaria, pero nunca un sustituto del desarrollo productivo”.

De acuerdo con sus proyecciones, el crecimiento basado únicamente en sectores extractivos genera una fuerte inconsistencia dinámica: la macroeconomía puede mostrar números macro-ambientales ordenados, pero con un mercado de trabajo estancado, alta informalidad y un poder adquisitivo destruido que impide la recuperación del mercado interno.

Hacia un desarrollismo del Siglo XXI

Como contrapropuesta, Reija planteó la urgencia de abandonar la discusión ideológica e implementar una política industrial deliberada. Según el analista, un modelo virtuoso permitiría que:

  • El litio y la minería impulsen la manufactura de celdas de batería y tecnología de almacenamiento.
  • El shale gas y los hidrocarburos de Vaca Muerta sirvan como plataforma para la petroquímica pesada y la energía competitiva para las fábricas.
  • El agro consolide el desarrollo de biotecnología y maquinaria especializada con patentes nacionales.

“La pregunta que el programa económico actual no responde es qué se va a hacer con la base de acumulación de divisas que genera la energía y el campo. El tiempo para construir una segunda fase orientada al desarrollo industrial no es infinito”, concluyó Reija, sembrando un llamado de atención urgente para los hacedores de política económica y el “Círculo Rojo” empresario.