Por Gustavo Meneghello director periodistico
La Auditoría General de la Nación reveló resultados negativos millonarios en contratos financieros vinculados a las reservas de oro. El economista Carlos Maslatón cuestiona la explicación oficial y plantea que podrían haberse combinado opciones de compra, venta y futuros. Mientras Santiago Bausili asegura que el BCRA ganó US$ 2.505 millones por la valorización de sus tenencias, sigue sin conocerse públicamente quiénes fueron las contrapartes financieras de las operaciones.
Otros Ámbitos | Investigación especial | 20 de octubre de 2026
El oro argentino salió del país, fue utilizado en operaciones financieras internacionales y terminó protagonizando una controversia que enfrenta al Banco Central con la Auditoría General de la Nación. En el medio aparecen contratos derivados, pérdidas por más de mil millones de dólares, bancos cuyas identidades no fueron difundidas y una pregunta que el Gobierno todavía no termina de responder: ¿qué hicieron exactamente con las reservas de oro de los argentinos?
La controversia adquirió una nueva dimensión cuando la AGN informó que, durante 2025, las operaciones con derivados vinculados al oro produjeron un resultado negativo equivalente a 1.023 millones de dólares, con egresos efectivos de divisas.
El Banco Central, conducido por Santiago Bausili, respondió que la información debía interpretarse de manera integral: la suba internacional del metal habría permitido que su posición total en oro, descontadas las coberturas, terminara con una ganancia neta de 2.505 millones de dólares.
Pero esa explicación no convenció a todos.
Entre quienes cuestionan el relato oficial aparece el economista y analista financiero Carlos Maslatón, quien plantea una interpretación más compleja de las operaciones y pone bajo sospecha la estrategia utilizada por las autoridades monetarias.
Del traslado de los lingotes a las operaciones financieras
La historia comenzó en 2024, cuando el Banco Central confirmó el traslado al exterior de parte de sus reservas físicas de oro.
El Gobierno argumentó que mantener los lingotes depositados en entidades internacionales permitiría mejorar la administración financiera de las reservas y generar rendimientos. Sin embargo, la decisión estuvo acompañada de una considerable falta de información pública sobre las cantidades efectivamente trasladadas, los lugares de custodia, las condiciones contractuales y las operaciones posteriores.
Distintas publicaciones periodísticas estimaron que el movimiento habría involucrado unas 13 toneladas de oro, aunque la cantidad exacta requiere confirmación documental. La discusión ya no gira exclusivamente alrededor de dónde se encuentran los lingotes.
Ahora también importa establecer qué operaciones se realizaron sobre su valor, qué riesgos asumió el Banco Central y quiénes resultaron beneficiarios de los contratos financieros.
La pérdida que reveló la Auditoría General de la Nación
El informe sobre los estados contables de 2025 identificó resultados negativos por aproximadamente 1,469 billones de pesos, equivalentes a 1.023 millones de dólares. La cifra se distribuyó entre unos 960,2 millones de dólares en resultados negativos por opciones y otros 62,8 millones correspondientes a primas.
Se trata de operaciones financieras relacionadas con el precio internacional del oro, pero no necesariamente de una pérdida física de lingotes. El dato es importante porque la cotización internacional del metal aumentó considerablemente durante ese período.
Es decir, mientras las reservas de oro ganaban valor en el mercado, los contratos financieros asociados generaban resultados negativos. Para el Banco Central, esa diferencia es perfectamente explicable: los instrumentos habrían funcionado como un seguro contra una eventual caída del precio. Para sus críticos, la magnitud del resultado exige conocer exactamente cómo se estructuraron esos contratos.
Maslatón y la hipótesis de una operación mucho más compleja
Carlos Maslatón introdujo un elemento especialmente interesante en el debate: la posibilidad de que el Banco Central no hubiera contratado solamente opciones destinadas a protegerse de una baja del oro.
En sus intervenciones públicas, el economista cuestionó la explicación de que todo el resultado negativo pudiera atribuirse al costo de una protección convencional. Su hipótesis apunta a una posible combinación de instrumentos financieros conocida como collar, eventualmente acompañada de otras posiciones en derivados. Para comprender la controversia conviene explicar tres herramientas habituales en los mercados internacionales.
La compra de una opción PUT permite protegerse frente a una caída del precio del oro. Si el metal baja por debajo de determinado valor, la opción puede compensar parte de esa pérdida.
La venta de una opción CALL, en cambio, implica asumir una obligación frente al comprador si el oro supera un precio determinado. En una estructura de cobertura, puede utilizarse para financiar el costo de la PUT, pero también limita los beneficios de una suba del metal.
Los contratos de futuros permiten fijar precios o asumir posiciones vinculadas a la evolución futura de un activo. Según cómo estén estructurados, pueden requerir garantías y ajustes periódicos.
La combinación de una PUT comprada y una CALL vendida puede constituir una estrategia legítima de cobertura.
Sin embargo, sus resultados dependen de los precios pactados, las primas cobradas o pagadas, los vencimientos y la evolución posterior del mercado. Y allí aparece el interrogante planteado por Maslatón: ¿el Banco Central simplemente compró protección contra una caída del oro o también asumió compromisos que limitaron considerablemente las ganancias cuando el metal comenzó a subir?
Esta segunda posibilidad explicaría por qué una estrategia presentada como un seguro pudo registrar pérdidas tan importantes en un mercado alcista. No obstante, la reconstrucción de Maslatón debe considerarse una hipótesis de análisis financiero. Sin acceder a los contratos originales no es posible establecer que el BCRA haya utilizado exactamente esa combinación ni confirmar la existencia de posiciones adicionales en futuros.
El oro subió, pero las coberturas costaron una fortuna
La paradoja es evidente.
El oro se valorizó considerablemente y el Banco Central obtuvo una importante ganancia patrimonial por mantener sus reservas en ese metal. Pero, simultáneamente, los derivados financieros registraron un resultado negativo de 1.023 millones de dólares. La autoridad monetaria insiste en que ambas cifras deben evaluarse conjuntamente y que el resultado final fue favorable.
Desde el punto de vista contable, esa explicación tiene fundamento: una cobertura puede perder dinero precisamente cuando el activo protegido aumenta de precio. Sin embargo, eso no demuestra automáticamente que la estrategia elegida haya sido la más conveniente.
Para determinarlo sería necesario conocer cuánto riesgo se pretendía reducir, qué alternativas existían, cuáles fueron los costos efectivos y qué resultado se habría obtenido con otras estructuras de cobertura. Tampoco puede afirmarse que los 1.023 millones se hubieran ahorrado íntegramente de no realizar las operaciones. Una cobertura se contrata antes de conocer el resultado del mercado y su conveniencia debe analizarse considerando el riesgo asumido en ese momento.
Lo que sí corresponde exigir es una explicación técnica completa.
¿El oro trasladado al exterior sirvió como garantía?
Uno de los aspectos más sensibles de las interpretaciones de Maslatón es la posible relación entre el traslado físico de las reservas y las garantías exigidas por las operaciones financieras.
En los mercados internacionales, determinados contratos derivados pueden requerir depósitos de garantía o ajustes de margen cuando las posiciones evolucionan desfavorablemente. Si una institución mantiene posiciones que generan obligaciones crecientes, puede necesitar aportar activos adicionales o liquidez.
De allí surge una pregunta relevante: ¿el oro enviado al exterior fue utilizado exclusivamente para custodia y administración de reservas o también cumplió alguna función como garantía de contratos financieros? La información pública disponible no permite afirmar que los lingotes hayan sido utilizados para responder a llamadas de margen ni que existiera una relación directa entre el traslado de 2024 y las pérdidas registradas en 2025.
Pero la posibilidad merece una aclaración documental por parte del Banco Central. Una respuesta precisa debería distinguir entre oro depositado en custodia, oro comprometido como garantía, operaciones de préstamo de metal y contratos derivados liquidados en dinero. Son situaciones jurídicas y financieras diferentes, con consecuencias también distintas para las reservas nacionales.
Los bancos que no aparecen
Otro interrogante tiene que ver con las entidades financieras que participaron de las operaciones.
El 16 de octubre, La Nación informó que el Banco Central mantenía una posición de hermetismo respecto de la identidad de las instituciones con las que había contratado las coberturas sobre el oro.
El dato no es menor. En operaciones de esta magnitud resulta fundamental conocer las contrapartes, las condiciones pactadas y los mecanismos utilizados para seleccionar a las instituciones participantes.
No se trata de presumir irregularidades por la sola participación de bancos internacionales. Se trata de determinar si las operaciones se realizaron bajo procedimientos transparentes, con precios competitivos y con controles adecuados. También sería necesario establecer si existieron intermediarios, cuánto cobraron y quién autorizó cada contratación.
La confidencialidad de determinadas operaciones de reservas puede tener fundamentos legítimos. Pero eso no debería impedir el acceso de los organismos de control a la documentación necesaria para evaluar su legalidad y conveniencia.
Caputo y Bausili, en el centro de las explicaciones pendientes
La administración directa de las reservas internacionales corresponde al Banco Central, presidido por Santiago Bausili. Pero la relevancia económica y política de estas operaciones también coloca bajo atención al ministro de Economía, Luis Caputo, principal referente de la estrategia financiera del Gobierno.
Ambos funcionarios tienen una extensa trayectoria en los mercados internacionales y antecedentes profesionales compartidos. Esa experiencia debería permitirles explicar con precisión los instrumentos utilizados y los motivos por los que se eligió determinada estructura financiera.
El Gobierno de Javier Milei ha defendido la gestión del Banco Central y rechazado las acusaciones de especulación.
La AGN, por su parte, emitió una opinión técnica favorable sobre los estados contables de 2025, aunque destacó expresamente el resultado negativo de los derivados sobre oro. Esta distinción es fundamental: el informe contable no constituye, por sí mismo, una prueba de fraude, delito o apropiación indebida de reservas. Pero tampoco clausura el debate sobre la conveniencia de las decisiones financieras adoptadas.
¿Una cobertura prudente o una apuesta equivocada?
La diferencia entre ambas interpretaciones puede resumirse en una pregunta.
Si el Banco Central pretendía proteger las reservas de una caída del precio internacional del oro, ¿por qué eligió una estructura que terminó generando un costo tan elevado cuando el mercado evolucionó favorablemente?
La respuesta podría ser que se trató de una cobertura razonable, diseñada para limitar riesgos en un contexto de incertidumbre. Pero también podría surgir de los contratos que se asumieron compromisos excesivos o que se renunció a una parte demasiado importante de las ganancias potenciales.
Para resolverlo no alcanza con las declaraciones públicas de los funcionarios ni con las críticas de sus adversarios. Es indispensable acceder a las condiciones de las operaciones.
La hipótesis de Maslatón resulta interesante porque desplaza la discusión desde la simple existencia de una pérdida hacia la ingeniería financiera que pudo haberla generado. El problema deja de ser solamente cuánto se perdió y pasa a ser cómo se estructuraron los contratos, quiénes los negociaron y qué riesgos asumieron los responsables de las reservas.
El Gobierno debe mostrar los contratos
El caso del oro argentino deja al descubierto un problema que excede al gobierno actual.
La administración de las reservas internacionales requiere conocimientos financieros especializados, pero también controles institucionales que permitan evaluar las decisiones adoptadas.
La complejidad de los derivados no puede transformarse en una barrera que impida conocer cómo se utilizan activos públicos. Si el Banco Central realizó una cobertura razonable, debería poder demostrarlo ante los organismos competentes mediante contratos, evaluaciones de riesgo, autorizaciones y resultados verificables. Si existieron errores de cálculo, decisiones imprudentes o costos injustificados, también deberían identificarse.
Y si el oro físico fue utilizado como garantía, correspondería precisar bajo qué condiciones y con qué autorizaciones. No se trata de condenar anticipadamente a los funcionarios ni de transformar cualquier resultado negativo en un escándalo financiero. Se trata de exigir el mismo nivel de responsabilidad que el Gobierno reclama para el manejo del resto de los recursos del Estado.
El oro es de los argentinos, no de los funcionarios
La discusión sobre los 1.023 millones de dólares revela una contradicción que merece atención.
Mientras el Gobierno presenta la disciplina fiscal como uno de los principios centrales de su política económica, el Banco Central reconoce resultados negativos millonarios en instrumentos financieros vinculados a uno de los activos más valiosos del país.
Es cierto que la entidad afirma haber obtenido una ganancia neta de 2.505 millones de dólares gracias a la valorización del oro. Pero también es cierto que una parte importante del beneficio patrimonial quedó absorbida por el resultado de los derivados. La pregunta periodística no es si el oro subió de precio. Eso lo determinó el mercado internacional.
La pregunta es qué hicieron las autoridades argentinas con esa oportunidad, cuánto costó la protección que contrataron y si las decisiones adoptadas fueron las mejores para preservar el patrimonio público.
Las observaciones de la AGN y las hipótesis planteadas por Carlos Maslatón abren una discusión que solamente puede cerrarse con información verificable.
Porque el verdadero problema no es únicamente saber dónde está el oro argentino. Es conocer qué operaciones se hicieron con él, quiénes estuvieron del otro lado de los contratos y por qué una parte de su extraordinaria valorización terminó absorbida por resultados financieros negativos.
Y, sobre todo, quién está dispuesto a mostrar los documentos que permitan conocer toda la verdad.
Documentación y fuentes para respaldar la publicación
- Comunicado oficial del Banco Central, 8 de octubre de 2026. Expone la ganancia neta de US$ 2.505 millones y la explicación de las coberturas.
- El Cronista: detalle de los resultados de la auditoría. Desglosa los US$ 1.023 millones.
- La Nación: el BCRA no identifica a las contrapartes. Publicado el 16 de octubre.
- Buscar las publicaciones de Carlos Maslatón sobre el oro en X. No pude verificar los textos originales de los posteos; por eso sus argumentos se presentan como hipótesis atribuidas y no como operaciones demostradas.